martes, 29 de noviembre de 2011

Pajaro

Y cuando te vi pasar
                               corte la/mi jaula
                                                       y salí a buscarte.


Cuando te alcance
                             desplegué mis alas
                      ( como si en un cortejo estuviese)
                                                        y te mostré lo brilloso que ellas eran.

Abriste las tuyas
                         las entrelazamos
                                                  y los colores se fundían
                                                                                     como un cuadro de Dali.

Los picos se acercaron entre si
                                               chocaron varias veces
                                                                                 produciendo un sonido raro.

Pero nunca dijiste
                           que esas alas ya tenian dueño
                                                                       un gato callejero
                                                                                                que se creía de angora
                                                                                                                                   me devoro de a poco

Sabia donde atacar porque asi se lo hiciste saber
                                                                         de un zarpazo abrió mi pecho y busco mi corazon.

Lo saboreo de a poco
                                  disfrutandolo
                                                     mis alas multicolores solo estaban teñidas de un sola croma.

El de mi sangre.



                                                                     

viernes, 11 de noviembre de 2011

Arde las heridas.

Nunca se debe jugar con los sentimientos. Con ninguno de ellos.
Porque cuando el karma se digne a tomar las riendas vas a quedar con el culo pal Norte.
Y si no sabes manejar la culpa del no saber jugar este juego, deja que la gente adulta si lo sabe hacer.
Arden las heridas.
Arden la traición.


Arde No te va a gustar




Tengo el disfraz, no la manera
De que me quieras otro rato más
Me olvidarás como a cualquiera
Como algún día me dejaste entrar
No puedo darte mi vida
Yo no tengo la salida, ni la solución
Arden las heridas
Arde la traición
Arden las mentiras
Van directo al corazón.
Quise esperar lo que otros esperan,
Pero yo no soy de reclamar
No me conformo con lo que sea,
Pero algún día me dejaste entrar.
No puedo darte mi vida
Yo no tengo la salida ni la solución
Arden las heridas
Arde la traición
Arden las mentiras
Van directo al corazón.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pasion


Y así como disfruto de ese viento que trae agua
disfruto de tu aroma de vainilla en mi cama.
Impregnas no solo mi ropa de cama
sino que también embriagas mi alma
con esa fragancia.

Mis manos que han recorrido miles de cuerpos
exploran tu piel de pecas adornada
y cada una de ellas lo trato
como si he encontrado el Dorado.


Tus ojos semicerrados acompañan suspiros y/o jadeos
que es el único sonido permitido en este encierro.

Las caderas lampiñas chocan una y otra vez
imitando un badajo.
A cada embestida resuena un gemido
una y otra vez.

Una y otra vez.

Esa pasión animal desbocada
suelta
libre
se hace presente entre ambos
sabiendo que solo es una forma mas
de conquistar poco a poco el alma.




Este escrito, cuento, párrafo o colgadura mental esta hecho de un tirón. Sin retoques, correcciones o cosa similar.
A veces salen cosas copadas y otras un bodrio.
De cada uno depende saber cual es cual.

lunes, 31 de octubre de 2011

Las letras erotizan...



Las letras tienen el poder de trasladarte a donde tu imaginación es capaz de volar.
La literatura tiene ese extraño poder de llevarte a lo mas oscuro.
El anatomista es un libro recomendable para una primera experiencia en literatura erotica.

Se los recomiendo.


domingo, 23 de octubre de 2011

Casa

Como se hace notar tu presencia en mi casa.
Sin ti una cama es solo un lugar aburrido donde tirar el cuerpo despues de trabajar.

Un desayunador solo sirve para mirar como se refleja mi cara en la campana de la cocina y no tu sonrisa de dormida.

Una bañera es solo un paso mas antes de ir a trabajar y no donde compartir una copa de vino.

Podria nombrar miles de cosas pero un cubo toma forma de hogar cuando estas.



martes, 11 de octubre de 2011

Hendijas



Pequeño sol de primavera que entra por las hendijas asoma en esa mañana

Ese mismo sol que piensa que dando un mayor lumbre queriendo mostrarme mas tus imperfecciones solo logra darte un tinte dorado a esa piel besada horas antes.

Porque si hay algo que me gusta de vos es que no importa la hora que sea, ese cuerpo le queda muy bien acompañar al mio.

Desnudos los dos como anoche.

Como hace varias noches.

lunes, 3 de octubre de 2011

Ayer te vi

Ayer te vi.
Fue de casualidad.

Bajabas del tren con unas flores rojas y blancas y una sonrisa colgada de los labios que antes era para mi.

Ayer te vi.
Bajaste del tren con un ramo de flores y colgada del brazo de alguien que tenia grandes similitudes de rasgo a mi fisionomia.

Ayer te vi.

Tu cuerpo exudaba pasión por el otro.
 Tus mejillas estaban coloradas y se veían los pezones henchidos bajo una camisa blanca.
Pero solo tenias ojos para el.


Ayer te vi.
Y siempre seras para mi una utopia.


jueves, 22 de septiembre de 2011

Anochecer/Amanecer.

Anochece.
Muere el dia una vez mas y se apaga todo lo que hiciste.
Anochece una vez sabiendo que todo lo que hiciste no tiene vuelta atrás.
Anochece.

Y mañana con el comenzar del día sentís que salís otra vez de ese útero materno que te protege a una vida.

Una vida nueva.


Otra vez comenzar a dar ese primer paso, con dudas pero con confianza en algun lado.

Amanecer.

El sol brillando horadando nuestros ojos mientras un bostezo se termina de escapar.

Ponerse las gafas y arrancar.

Salir de la coraza protectora y esperar que el dia nos vislumbre.

Buenos dias a todos

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Feliz primavera


Tengo este blog un poco olvidado.
En los proximos dias lo reactivo.


Como si alguien lo estuviera leyendo....

martes, 26 de julio de 2011

lunes, 18 de julio de 2011

Pedro Aznar - A primera vista

El amor es asi.
Para mi el amor ideal es ese que lo disfrutas desde la primera vez que lo vez.

Me paso con este tema que apenas lo escuche me enamoro.





Cuando no tenía nada deseé
Cuando todo era ausencia esperé
Cuando tuve frío temblé
Cuando tuve coraje llamé

Cuando llegó carta la abrí
Cuando escuché a Prince (Salif Keita) bailé
Cuando el ojo brilló entendí
Cuando me crecieron alas volé

Cuando me llamó allá fui
Cuando me di cuenta estaba ahí
Cuando te encontré me perdí
En cuanto te vi me enamoré

sábado, 2 de julio de 2011

Un beso de desayuno

Particularmente no es una banda que me agrade mucho pero lo que tiene de bueno este tema es la letra.
Disfrutenlo.


jueves, 16 de junio de 2011



know I can’t take one more step towards you
‘Cause all that’s waiting is regret
And don’t you know I’m not your ghost anymore
You lost the love I loved the most
I learned to live half alive
And now you want me one more time...


And who do you think you are
Running round leaving scars
Collecting your jar of hearts
And tearing love apart 
You’re gonna catch a cold
From the ice inside your soul
So don’t come back for me
Who do you think you are...


I hear you’re asking all around
If I am anywhere to be found
But I have grown too strong
To ever fall back in your arms
I learned to live half alive
And now you want me one more time...


And who do you think you are
Running round leaving scars
Collecting your jar hearts
And tearing love apart 
You’re gonna catch a cold
From the ice inside your soul
So don’t come back for me
Who do you think you are...


And it took so long just to feel alright
Remember how to put back the light in my eyes
I wish I had missed the first time that we kissed
‘Cause you broke all your promises
And now you’re back, you don’t get to get me back


And who do you think you are
Running round leaving scars
Collecting your jar of hearts
And tearing love apart 
You’re gonna catch a cold
From the ice inside your soul
So don’t come back for me
Don’t come back at all


And who do you think you are
Running round leaving scars
Collecting your jar of hearts
And tearing love apart 
You’re gonna catch a cold
From the ice inside your soul
Don’t come back for me
Don’t come back at all...
Who do you think you are
Who do you think you are
Who do you think you are...



Sé que no puedo dar un solo paso más hacia ti
Porque todo lo que me espera es arrepentimiento
Y no sabés que ya no soy más tu fantasma
Perdiste el amor que yo más amé
Aprendí a vivir a medias
Y ahora una vez más me quieres...

Y quién te creés que eres?
Corriendo por ahí dejando cicatrices
Recolectando corazones para tu tarro
Y destruyendo al amor
Te vas a pescar un resfrío
Por el hielo que hay dentro de tu alma
Así que no vuelvas por mí
Quién te creés que eress?


Escucho que andás por ahí preguntando
Si se me puede encontrar por algún lado
Pero me he vuelto demasiado fuerte
Como para volver a caer de nuevo en tus brazos...
Aprendí a vivir a medias
Y ahora una vez más me quieres...


Y quién te creés que eres?
Corriendo por ahí dejando cicatrices
Recolectando corazones para tu tarro
Y destruyendo al amor
Te vas a pescar un resfrío
Por el hielo que hay dentro de tu alma
Así que no vuelvas por mí
Quién te creés que eres?


Y me llevó tanto tiempo sentirme bien
Recordar cómo volver a poner la luz en mis ojos
Desearía no recordar la primera vez que nos besamos
Porque tu rompiste todas tus promesas
Y ahora que estás de vuelta, no lográs recuperarme...


Y quién te creés que eres?
Corriendo por ahí dejando cicatrices
Recolectando corazones para tu tarro
Y destruyendo al amor
Te vas a pescar un resfrío
Por el hielo que hay dentro de tu alma
Así que no vuelvas por mí
Ni se te ocurra volver...


Y quién te creés que eres?
Corriendo por ahí dejando cicatrices
Recolectando corazones para tu tarro
Y destruyendo al amor
Te vas a pescar un resfrío
Por el hielo que hay dentro de tu alma
Así que no vuelvas por mí
Ni se te ocurra volver...
¿Quién te creés que eres?
¿Quién te creés que eres?¿Quién te creés que eres?

domingo, 5 de junio de 2011

Adele





Hay un incendio empezando en mi corazón
Alcanzando un punto muy frío,
Me está llevando a la oscuridad
Finalmente puedo ver tu claridad
Sigue adelante y traicióname y yo expondré totalmente tu cagada

Mira como me marcho con cada pedazo de ti
No subestimes las cosas que haré

Hay un incendio empezando en mi corazón
Alcanzando un punto muy frío
Y me está llevando a la oscuridad

Las cicatrices de tu amor me hacen recordar lo nuestro
Me mantienen pensando que lo tuvimos casi todo
Las cicatrices de tu amor me dejan sin aliento
No puedo evitar el sentimiento
Pudimos haberlo tenido todo
Ondulando en las profundidades
Tú tuviste mi corazón y alma
Y la tocaste
Al ritmo

Cariño no tengo ninguna historia que contar
Pero he escuchado una de ti
Y voy a hacer que tu cabeza arda
Al pensar en mí en lo más profundo de tu desesperación.
Hacer un hogar allí
Te recuerda el hogar que compartimos

Las cicatrices de tu amor me hacen recordar lo nuestro
Me mantienen pensando que lo tuvimos casi todo
Las cicatrices de tu amor me dejan sin aliento
No puedo evitar el sentimiento
Pudimos haberlo tenido todo
Ondulando en las profundidades
Tú tuviste mi corazón y alma
Y la tocaste
Al ritmo

Pudimos haberlo tenido todo
Ondulando en las profundidades
Tú tuviste mi corazón y alma
Y la tocaste
Al ritmo

Arroja tu alma por cada puerta abierta
Cuenta tus bendiciones hasta encontrar lo que buscas
Convertiste mi tristeza en oro atesorado
Me pagas con la misma moneda y cosechas lo que siembras

Pudimos haberlo tenido todo
Pudimos tenerlo todo
Tenerlo todo, todo
Pudimos haberlo tenido todo
Ondulando en la profundidad
Tú tuviste mi corazón y mi alma
Y la tocaste
Al ritmo

Pudimos haberlo tenido todo
Ondulando en las profundidades
Tú tuviste mi corazón y alma
Y la tocaste
Al ritmo







Me encanta este tema, no lo pongo por nada en especial. 
Así que espero que en otros blogs no sigan hablando boludeces.

viernes, 27 de mayo de 2011

Una vez y otra vez



Una vez
y otra vez
empezar a recorrer
con quien compartir
sentimientos de placer.

Una vez
y otra vez,
trasladar ese ser
que muchas veces  trae alma
Pero que de noche la deja en casa
Para no sentirse herida.

Una vez
Y otra vez
nacer, crecer, arder y renacer
como el Ave Fenix.

Una vez
y otra vez
creer que amarte
solo da placer.

lunes, 23 de mayo de 2011


Y así como se deshoja un libro
mi amor por vos se cayó.

Entre letras capitales y pasiones desenfrenadas
las hojas fueron chocando el piso.

Quizás sea un sinónimo
de lo que fue lo nuestro.

Entre amores de pasados
y futuros que nunca pudieron ser
la vida nos llevo a esto.

Con algo bello que no paso
y que nunca se sabrá si alguna vez funciono.

Con miles de tomos por leer
pero así como un libro de Chino Mandarín
mirare por arriba
pero no me adentrare en tu alma
ni recorreré tus venas hasta llegar al corazón
ese musculo que supuestamente  latiese por mi
... ¿o por alguien alguna vez?

Y así como un libro de Danielle Stelle
te deje en un estante para que te elija alguien
que quiera ser tu dueño.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Gotas de sal





Lagrimas saladas que recorren la dermis.
Gotean sin control, sin prisa pero sin pausa.
Ondean en una dermis reseca por años de soles agresivos queriendo dejar su marca de yerra.
Iris cansinos de tantos insomnios, de tantas lunas malditas, de ver impávido tantas estrellas viajeras.
Amores no correspondidos y de afectos que con el correr del tiempo se vuelven extraños.
De voces que se van apagando o se van perdiendo en los recuerdos.
De roces pluscuamperfectos que dejan de sentirse, vellos que se erectan por ese roce que ya no lo percibe.
Pero que lo extraña.
De un cuerpo que a fuerza de sexo y amor se acoplaba perfecto.
De fines de semana desnudos en sabanas revueltas y tazas de te o café, discutiendo si la vida podía ser mejor que ello.
De eso lloro.
De eso, recuerdo.

jueves, 28 de abril de 2011

Abrir los ojos



El alma aun esta marchita, cuesta salir.

Cuesta conocer gente.

Me dijeron hace poco si yo deseaba tener el alma vacía.

Y la verdad me quedo tecleando esa frase.

Hoy por hoy no tengo ganas de conocer a alguien.

No por egoísta.

Por realista.

Después de un gran amor siempre hay un gran vacío.

Pueden existir otros amores.

Pero el que tuviste en ese momento en el que los planetas estaban alineados es mágico, indescriptible.

Ya sanara el alma pero siempre estarás en mi con tu sonrisa y los chistes que solo entendíamos los dos.

Hay dias que aun recuerdo tu voz.

Aun sueño con vos.

domingo, 24 de abril de 2011

Interstate Love Song




Waiting on a Sunday afternoon 
For what I read between the lines, 
Your lies. 
Feelin' like a hand in rusted shame 
So do you laugh or does it cry? 
Reply? 

Leavin' on a southern train 
Only yesterday you lied, 
Promises of what I seemed to be 
Only watched the time go by, 
All of these things you said to me. 

Breathing is the hardest thing to do. 
With all I’ve said and 
All that's dead for you, 
You lied - good bye 

Leavin' on a southern train 
Only yesterday you lied 
Promises of what I seemed to be 
Only watched the time go by, 
All of these things I said to you.


Esperando una tarde de domingo
Por lo que leí entre líneas,
Tus mentiras.
Me siento como una mano en oxidada vergüenza
Entonces ¿te reís o llora?
¿Respuesta?

Partiendo en un tren del sur
Solo ayer mentiste
Promesas de lo que parecía ser
Solo mire el tiempo pasar
Todas esas cosas que me dijiste

Respirar es lo mas difícil para hacer
con todo lo que he dicho y
Todo eso esta muerto para vos
Mentiste - adiós

Partiendo en un tren del sur
Solo ayer mentiste
Promesas de lo que parecía
Solo mire el tiempo pasar
Todas esas cosas que te dije.

miércoles, 20 de abril de 2011

Cerezo



Camino siempre de noche.
Encuentro toda clase de gente.
Esa noche en particular quería encontrar algo que me llame la atención.
Algo que me saque de la modorra de la vida diaria. Ese “no se que” diario que me llame la atención.
Tenia una vaga idea de mi búsqueda pero quería sorprenderme así que enfile al barrio freack donde es común encontrar tatuados, con piercings o discos de las Bandanas en las bateas donde están los saldos de rock.
Buscaba ese alguien que me nuble con su historia de vida.
No camine mucho debo reconocer, lo vi a mi tatuador amigo, Pollito, trabajando sin pausa pero sin prisa en una espalda menuda.
Mi primera impresión que era un chico haciéndose un primer tatuaje para posteriormente llegar a la casa y decirle a su familia lo que había hecho mientras veía su cara de espanto.
Mas que nada para demostrarle que la patria potestad la tenia en su mano, como si quisiera decir “tengo 18 años y ya dirijo mi propio destino”
Pero no, era una mujer de unos 30 años, morocha de corte carre para ser mas exactos.
Estaba de espaldas y tenia una espalda nívea que invitaba a ser besada miles de noches y algunos días.
La forma de mantener su rigidez me asombraba, parecía esas estatuas de las peatonales.
Charle dos minutos con mi amigo tratando que la neo tatuada me de un pie para saludarla pero ni así abrió los ojos.
Pense que estaba en un grado de nirvana para evitar el dolor y así poder concluir su trabajo en una noche.
Pase al office del local, tome unos mates con los pajaritos.
Asi como les gustaba llamarse al grupo de amigos del Pollito que le hacían el aguante a la noche ademas de aprender del negocio.
Los mates se transformaron en un six pack para cada uno.
La noche tiene eso te hace divagar y hablar de los miedos del alma, nada mejor que espantarlos con algo espirituoso.
Quería ver el tatuaje listo así que volví a mi fantasmagórica mujer y esperando que ahora si mi amigo me la presente
Pollito: -Te la presento a  Varia, ella iba a ser la primera geisha argentina, pero el corazón no le aguanto.
Aqui esta su familia esperando que termine para llevarla a su velorio y posterior entierro dentro de un jardín de arboles de cerezos.
Recorde el cuento de Chejov, donde Varia es uno de los personajes de la novela “El jardin de los Cerezos”.
Aquel que trata sobre una familia rusa que convierte su casa en un centro vacacional para salvar la hipoteca.
La familia en vez de velarla le esta tatuando el cuerpo. Empece  a comprender  todo.
Por  lo menos en el mas allá va a ser una geisha recorriendo un jardín de arboles de cerezos.
Leviatan: -Es cierto. La envidio, aun muerta pudo cumplir su destino en esta vida.

sábado, 16 de abril de 2011

La noche boca arriba


Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba. El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.
Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el pié y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.
Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó, porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más que rasguños en las piernas. “Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina de costado…”; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien y alguien con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña farmacia de barrio.
La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. “Natural”, dijo él. “Como que me la ligué encima…” Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros, cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría sentido muy bien, casi contento.
Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien de blanco, alto y delgado se le acercó y se puso a mirar la radiografía. Manos de mujer le acomodaban la cabeza, sintió que lo pasaban de una camilla a otra. El hombre de blanco se le acercó otra vez, sonriendo, con algo que le brillaba en la mano derecha. Le palmeó la mejilla e hizo una seña a alguien parado atrás.
Como sueño era curioso porque estaba lleno de olores y él nunca soñaba olores. Primero un olor a pantano, ya que a la izquierda de la calzada empezaban las marismas, los tembladerales de donde no volvía nadie. Pero el olor cesó, y en cambio vino una fragancia compuesta y oscura como la noche en que se movía huyendo de los aztecas. Y todo era tan natural, tenía que huir de los aztecas que andaban a caza de hombre, y su única probabilidad era la de esconderse en lo más denso de la selva, cuidando de no apartarse de la estrecha calzada que sólo ellos, los motecas, conocían.
Lo que más lo torturaba era el olor, como si aun en la absoluta aceptación del sueño algo se revelara contra eso que no era habitual, que hasta entonces no había participado del juego. “Huele a guerra”, pensó, tocando instintivamente el puñal de piedra atravesado en su ceñidor de lana tejida. Un sonido inesperado lo hizo agacharse y quedar inmóvil, temblando. Tener miedo no era extraño, en sus sueños abundaba el miedo. Esperó, tapado por las ramas de un arbusto y la noche sin estrellas. Muy lejos, probablemente del otro lado del gran lago, debían estar ardiendo fuegos de vivac; un resplandor rojizo teñía esa parte del cielo. El sonido no se repitió. Había sido como una rama quebrada. Tal vez un animal que escapaba como él del olor a guerra. Se enderezó despacio, venteando. No se oía nada, pero el miedo seguía allí como el olor, ese incienso dulzón de la guerra florida. Había que seguir, llegar al corazón de la selva evitando las ciénagas. A tientas, agachándose a cada instante para tocar el suelo más duro de la calzada, dio algunos pasos. Hubiera querido echar a correr, pero los tembladerales palpitaban a su lado. En el sendero en tinieblas, buscó el rumbo. Entonces sintió una bocanada del olor que más temía, y saltó desesperado hacia adelante.
-Se va a caer de la cama -dijo el enfermo de la cama de al lado-. No brinque tanto, amigazo. Abrió los ojos y era de tarde, con el sol ya bajo en los ventanales de la larga sala. Mientras trataba de sonreír a su vecino, se despegó casi físicamente de la última visión de la pesadilla. El brazo, enyesado, colgaba de un aparato con pesas y poleas. Sintió sed, como si hubiera estado corriendo kilómetros, pero no querían darle mucha agua, apenas para mojarse los labios y hacer un buche. La fiebre lo iba ganando despacio y hubiera podido dormirse otra vez, pero saboreaba el placer de quedarse despierto, entornados los ojos, escuchando el diálogo de los otros enfermos, respondiendo de cuando en cuando a alguna pregunta. Vio llegar un carrito blanco que pusieron al lado de su cama, una enfermera rubia le frotó con alcohol la cara anterior del muslo, y le clavó una gruesa aguja conectada con un tubo que subía hasta un frasco lleno de líquido opalino. Un médico joven vino con un aparato de metal y cuero que le ajustó al brazo sano para verificar alguna cosa. Caía la noche, y la fiebre lo iba arrastrando blandamente a un estado donde las cosas tenían un relieve como de gemelos de teatro, eran reales y dulces y a la vez ligeramente repugnantes, como estar viendo una película aburrida y pensar que sin embargo en la calle es peor, y quedarse.
Vino una taza de maravilloso caldo de oro oliendo a puerro, a apio, a perejil. Un trocito de pan, más precioso que todo un banquete, se fue desmigajando poco a poco. El brazo no le dolía nada y solamente en la ceja, donde lo habían suturado, chirriaba a veces una punzada caliente y rápida. Cuando los ventanales de enfrente viraron a manchas de un azul oscuro, pensó que no iba a ser difícil dormirse. Un poco incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.
Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. “La calzada”, pensó. “Me salí de la calzada.” Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas. Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez. Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él, aferraba el mango del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y al la espera en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo profundo de la selva, abandonando la calzada mas allá de la región de las ciénagas, quizá los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.
Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás. -Es la fiebre -dijo el de la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va a ver que duerme bien.
Al lado de la noche de donde volvía la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser, respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin… Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse. Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete, golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. Quién hubiera pensado que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro. Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura del agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.
Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos. Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto, y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de la fiesta. Lo habían traído al teocali, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su turno.
Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido. Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el mas fuerte, tiraba hasta que el dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar lo aferraron manos calientes, duras como el brónze; se sintió alzado, siempre boca arriba, tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero como impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de su vida.
Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas imágenes que seguían pegados a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada… Le costaba mantener los ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse, subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja, brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba otra vez inmóvil en al cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los parpados, aunque ahora sabía que no iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano, a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.
Julio Cortazar

martes, 12 de abril de 2011

Titanic


Titanic
Hoy vi Titanic por enésima vez.
Y me quedo latiendo esa ultima escena donde Di Caprio congelado se empieza a hundir congelado después de haberse despedido.
Y esa toma me hizo replantear cuantas veces el amor se despide así.
Duro, cruel y real.
Con un  ”te amo” que sabes que va a ser el ultimo.
Cuantas veces una persona ve morir a su pareja de x enfermedad o por causas naturales.
Y realmente los envidio, porque esa ultima frase es tan de adentro, del corazón, que uno no puede sentirse apabullado.
Ese frío que te corre en la espalda de solo escucharlo.
A todos ellos, sepanlo, desde acá se los digo.
Los envidio sanamente.

domingo, 3 de abril de 2011

Cafe


No debe existir algo mas rico que el saborear(te) un café.
Despertarnos y combinar el mismo con la fragancia de una noche de pasión.
Saborear una medialuna.
Saborearte.
Morderte despacio y dejar a un costado las tazas para dar rienda suelta a la pasión.
Y ponernos en posición de cucharita y dormir.


lunes, 28 de marzo de 2011


Habia una antigua leyenda que dice que cuando la luna esta roja es porque esta bañada de sangre.
Y yo sigo buscando mi luna roja.
Camino de madrugada por lugares que muchos no se animarían de ir por la mañana.
Buscando que? Nunca lo sabre.
Solo sigo a la Luna.
No quiero hacerme el Polosecki en “El visitante” y buscar una nota donde no la hay.
No me llevo bien  con la gente ni con los animales.
Quizas este buscando un tiro. El tiro que termine con todo esto.
Quiero ver de una buena y puta vez que mierda es el camino de luz que tantos que han vuelto  describen.
Quiero ver mi túnel y mi luz, no las de otros.
No tengo ganas de vivir las historias de otros, quiero las mias.
Que se escuche mi gemido de dolor y la gente se pregunte el porque.
Que tiemblen, duden, piensen.
Mientras mi cuerpo este inerte a la vera del camino.
Sangrando.
Ese liquido ámbar casi negro que se evapore.
Nadie va a llorarme.
Nunca lo han hecho entonces  porque empezarían el día que no lo puedo ver.
Porque a este mundo me ire como he venido.
Solo.
Interprete: Catupecu Machu
Tema: Viaje del miedo.