miércoles, 20 de abril de 2011

Cerezo



Camino siempre de noche.
Encuentro toda clase de gente.
Esa noche en particular quería encontrar algo que me llame la atención.
Algo que me saque de la modorra de la vida diaria. Ese “no se que” diario que me llame la atención.
Tenia una vaga idea de mi búsqueda pero quería sorprenderme así que enfile al barrio freack donde es común encontrar tatuados, con piercings o discos de las Bandanas en las bateas donde están los saldos de rock.
Buscaba ese alguien que me nuble con su historia de vida.
No camine mucho debo reconocer, lo vi a mi tatuador amigo, Pollito, trabajando sin pausa pero sin prisa en una espalda menuda.
Mi primera impresión que era un chico haciéndose un primer tatuaje para posteriormente llegar a la casa y decirle a su familia lo que había hecho mientras veía su cara de espanto.
Mas que nada para demostrarle que la patria potestad la tenia en su mano, como si quisiera decir “tengo 18 años y ya dirijo mi propio destino”
Pero no, era una mujer de unos 30 años, morocha de corte carre para ser mas exactos.
Estaba de espaldas y tenia una espalda nívea que invitaba a ser besada miles de noches y algunos días.
La forma de mantener su rigidez me asombraba, parecía esas estatuas de las peatonales.
Charle dos minutos con mi amigo tratando que la neo tatuada me de un pie para saludarla pero ni así abrió los ojos.
Pense que estaba en un grado de nirvana para evitar el dolor y así poder concluir su trabajo en una noche.
Pase al office del local, tome unos mates con los pajaritos.
Asi como les gustaba llamarse al grupo de amigos del Pollito que le hacían el aguante a la noche ademas de aprender del negocio.
Los mates se transformaron en un six pack para cada uno.
La noche tiene eso te hace divagar y hablar de los miedos del alma, nada mejor que espantarlos con algo espirituoso.
Quería ver el tatuaje listo así que volví a mi fantasmagórica mujer y esperando que ahora si mi amigo me la presente
Pollito: -Te la presento a  Varia, ella iba a ser la primera geisha argentina, pero el corazón no le aguanto.
Aqui esta su familia esperando que termine para llevarla a su velorio y posterior entierro dentro de un jardín de arboles de cerezos.
Recorde el cuento de Chejov, donde Varia es uno de los personajes de la novela “El jardin de los Cerezos”.
Aquel que trata sobre una familia rusa que convierte su casa en un centro vacacional para salvar la hipoteca.
La familia en vez de velarla le esta tatuando el cuerpo. Empece  a comprender  todo.
Por  lo menos en el mas allá va a ser una geisha recorriendo un jardín de arboles de cerezos.
Leviatan: -Es cierto. La envidio, aun muerta pudo cumplir su destino en esta vida.

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