miércoles, 7 de marzo de 2012

Puerta cementerio




Persefone siempre supo que algo había perdido a lo largo de su corta vida.

No podía entender que sus últimos encuentros sexuales hace una década atras haya muerto su partenaire ocasional.
Los medios comenzaron a llamarla "La adolescente ardiente"

Durante esa década llevo una vida de  novicia sin hábitos ni religión.
Sus amigas la trataban de convencer de que fue solo una mera casualidad, pero ella no le convencía volver a vivir las horas en la comisaria bajo un interrogatorio hostil y sin sentido.

Recordaba siempre un extracto del libro de Melissa Pannarello que decía:

Una abeja zumbaba entre mis cabellos y yo la dejaba hacer su panal en mis cabellos de miel.
Aunque a veces me picaba en la nuca.
Un dia me dijo algo y se fue.
 Yo no la escuche.
A los dias la encontre muerta y la lleve al biologo.
-Veneno. Dijo el.
-Veneno. Dije yo.
Mi abeja murio envenenada, no aplastada. Horas antes me habia picado.

Hasta que un día hago un quiebre, no voy a dejar de vivir la vida por una serie de hechos fortuitos.
Salgo a buscar eso que perdí.
Busco mi sexualidad ardiente por distintos recovecos de la ciudad hasta caer en un cementerio, alguna unión deberia existir.
Llego hasta una puerta en el cementerio de la Recoleta, una puerta de una bóveda común y corriente para cualquier otro.
Pero algo de ella me atrae.
Me paro a cm de ella y me da pavor dar un paso mas.
Lo hago, acerco mi mano hacia el marco, siento un cosquilleo.
No me importa, acerco mi mano hacia el candado que traba esa masa de hierro forjado.
Y con tremenda facilidad lo doblo y rompo.
Abro una hoja despacio, esperando encontrar algo que ya se que esta adentro mio.
La bóveda esta vacía e increíblemente limpia.
Sobre uno de los nichos observo un adminiculo por demás extraño.
Un dildo de hueso puedo reconocer en mis manos ya que la luz es demasiado tenue.
Tengo una necesidad de sentirla, quebrar ese embrujo.
Me desabrocho el pantalón y junto con la bombacha quedan a la altura de la rodilla.
Me siento mojada, pero no tanto. Así que mi mano se encarga de estimularme y que cuando entre el intruso no me lastime.
Entrecierro mis ojos y disfruto como hace tiempo no lo hacia. No me importar escuchar voces acercarse que denotan un city tour. Necesito acabar con 10 años de sequía.

Escucho una voz atrás mio, me doy vuelta sabiendo que estoy haciendo algo indecoroso.
Y esta el, de jardinero azul de grafa y chomba gris, evidentemente es un empleado del lugar.

-Señorita que esta haciendo. Pregunta el.

-Esperándote. Retruco yo.

 Mi dildo oseo ahora mi mano lo hace jugar en el clitoris, que luego me daré cuenta que es una tibia de unos 50 cm, mientras el se desprende de los breteles, queda con los pantalones y boxers en los tobillos.

Me arrodillo en el suelo, así tanto tiempo que no veía una verga venosa. Le da un beso tierno, le pasa la lengua por los alrededores y con la saliva le dejo un brillo importante.
No puedo mas de la calentura.
Le exijo:
-Cojeme ya. Necesito sentirte.

Me ayuda a levantarme y se ubica a espaldas mio.
Siento esa cabeza entrar de a poco, mientras los gemidos que guarde alguna vez en mi cerebro empiezan a hacerse onomatopeyas.

Arqueo mi espaldo en 45º para sentir un poco mas el placer, mis jugos en cada bombeo corren por mis piernas manchando mi ropa y el piso.

La acabada esta proxima, siento el pene latir.

Estoy sintiendo esa pulsion peneana, realmente la siento. Mis ojos estan cerrados para que ese sentimiento lo disfruten mis otros sentidos.

Estiro mi mano y siento tu cuerpo helado.
Abro los ojos asustada y giro mi cabeza.

Fue solo un sueño, El no era mas que un sucubo de yeso con el pene erecto.


A las apuradas me vesti y cerre la puerta tras de mi pero la tibia me la lleve a casa.





El extracto del cuento pertenece al libro Tu aliento de Melissa P. Solo lo modifique un poco para que sea mas llevadero.
















1 comentario:

  1. Buena elección del texto amigo R. Un paseíto un tanto oscuro y húmedo...gratificante aunque se trate de sueños!

    Saludos!

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