domingo, 18 de marzo de 2012

Selva

Maria Eugenia se sentía aburrida con su vida, pensó que el haberse casado con un arqueólogo iba a tener un poco mas de condimento en su vida.
Tampoco del extremo de vivir con Indiana Jones pero esperaba que su marido la lleve de viaje a lugares remotos.
Lo que nunca le habían dicho es que si, los arqueólogos viajaban pero al haber poco presupuesto para las excavaciones, los viajes fueron contados con la mano.

Y para colmo de males cuando Ernesto llegaba los primeros días le costaba adaptarse al departamento.
Este estaba ambientado lo mas minimista posible, casi austera, para que a Ernesto no se le haga tan pesado de no tener nada en una carpa a un habitacion tan cargada.

Pero seguía sin pasar casi nada, Maria Eugenia no quería engañar a su marido por el momento. Hacia poco que se habían casado y aun lo amaba.

Una tarde de lluvia se le ocurría una genialidad, o una locura, según los ojos que lo viesen.
Durante los meses que Ernesto estaba de viaje siempre se cruzaban SMS bastantes osados.
Y siempre que le mandaba de estos mensajes estaba en lugares de mucha vegetacion, de variopintas tonalidades.

Asi que apenas vio esa hoja en el suelo la levanto y la guardo en una bolsa que llevaba colgada del hombro derecho pegado a la cartera de imitacion de LV.



De hecho junto una gran cantidad, pero esta al ser la primera de tantas la seco y la guardo dentro de un libro grueso sobre mitología escandinava, 1 hoja antes del dibujo de Thor y Loki peleando cada uno con sus armas.

A la tarde quito hacia un costado el poco mobiliario que tenia en el departamento, pidió prestado un colchón inflable a un vecino y lo inflo.

Sabia que su marido llegaria a las 4 de la tarde, habia ido hasta la facultad a dejar los comprobantes de pago de su ultimo viaje, asi que 2 horas antes le habia empezado a mandar SMS como hacían siempre que estaban lejos.

Ubico el potus que tenia en el balcón en uno de los rincones del living, al lado del colchón inflado. A este ademas le puso una tela grande que lo cubra y le tiro tierra negra sobre la misma, cubriéndolo por todos los lados. y tirando alrededor de las mismas las hojas que junto de la calle.

Por ultimo se desprendió de sus prendas, dejándose solo la tanga y unas botas.



 Se sentia excitada, ya se estaba mojando de pensar lo que iba a suceder.

Dos veces tuvo que ir al baño a secarse un poco porque los fluidos escapan y ya humedecían la tanga.

Aun faltaban 15 minutos para las 16:00 P:M.Fue hasta su selva personalizada,  se corrio un poco el algodon negro y dedeó al principio sobre los labios para terminar metiendo 3 dedos.

Levanto las piernas para acomodar mejor los dedos.
En eso estaba cuando Ernesto llego releyendo los mensajes que le habia llegado unas horas antes.

La vio abierta, plena, jugosa.
El mismo le retiro la tanga que había quedado a la altura de las rodillas y guio su boca a los labios de ella.
Recorriendo los muslos con la punta de la lengua.

Llegando a sus labios mayores ella exploto de placer.
Ese gemido era el primero de varios que se fueron sucitando a lo largo de la tarde.

De algo estaba segura, ya sabria como esperar a su marido cuando llegue de viaje.



3 comentarios:

  1. Interesante relato!

    Se me ocurre pensar que tal vez para muchos sea mas importante la escenografia y la acción, que la vestimenta.

    Gastamos de gusto en puntillas y encajes y este es un buen ejemplo.

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    1. Es que a veces la puntilla ayuda, pero si no tenes el estimulo de la mente es dificil que la ropa haga todo de por si.

      Me alegro que le haya gustado.

      Besotes.

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  2. No hay mayor erotismo que el que uno mismo se crea en la mente.
    Me encantó!

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